lunes, octubre 19, 2009


sábado, octubre 17, 2009

Íbamos hacia el oeste a sumergirnos con el sol en lo desconocido, como llevados por nuestra naturaleza a una fiesta de fuego. Después de tantos ocasos apenas contemplados, aquél viernes por fin íbamos a atardecernos.

martes, octubre 13, 2009

pássaro amarelo


miércoles, octubre 07, 2009

Va a ser difícil ser hoy un tren nocturno y mañana una sombra y después un barrilete, y el sábado por fin un ciempiés. Pero es mi destino; una especie de destino semanal que tengo, como de vida hormiga.


martes, septiembre 29, 2009


No sabía cómo acompañar este dibujo y por eso lo demoré; pero qué absurdo, si solo era un pájaro de acero atravesando un fenómeno meteorológico poco conocido.

miércoles, septiembre 23, 2009

Darle un nombre a algo, poner un morrón sobre el fuego, desayunar leyendo a Nietzsche, garabatear un pájaro de acero; cosas así.

martes, septiembre 22, 2009

200


Doscientos resúmenes porteños.
Doscientas anécdotas de autor.
Doscientas contraseñas divulgadas.
Doscientos pasos en mi dirección.
Doscientas recetas autobiográficas.
Doscientos pájaros de acero.
Doscientos goles que no vi.
Doscientos posteos.



Tierras de poniente, de J.M. Coetzee


Recorte genial de mi última lectura…

“En cambio Klawer, después de tender nuestra ropa, se acuclilló con desaliento frente a las llamas, abrazando su cuerpo desnudo y tostándose la piel. A ese error, unido al error de llevar puesta ropa mojada, atribuyo su enfermedad. Aquella noche no consiguió entrar en calor, sino que se arrebujó contra mí presa de violentos temblores. Por la mañana tenía fiebre y nada de hambre. Como yo no tenía conocimientos de herbolario, lo llené de agua caliente y lo mantuve bien tapado. Pero el fuego no le dio ningún calor interior, y se pasó otra noche temblando. También descendió un rocío abundante, que difundió una sutil humedad. Él tosía con aspereza y sin parar. Me decepcionó no ver ninguna fe en sus ojos. Si él hubiera creído en mí, o en cualquier otra cosa, se habría recuperado. Pero tenía constitución de esclavo, era resistente a los golpes cotidianos de la vida pero frágil en el desastre.”

Domingo a la mañana



La mañana del domingo 20 de septiembre de 2009 Mare Carranza tomaba mate en el muelle y miraba y escuchaba y olía.

viernes, agosto 28, 2009

Hermana:


Cerramos la puerta de tu habitación, porque vos estas de viaje, y el calor que a duras penas larga este dragón por la boca cuando con mamá tiramos fuerte de la cuerda que le tenemos anudada a la garganta, se nos va para allá, a tu espacio, que estos días está irreconocible de quietito y parece una laguna, hasta que vuelvas con el envión de la montaña rusa a volarle los patos de una sonrisa.

martes, agosto 25, 2009

Esperando una tormenta


Qué débil que escribís, lapicera miedosa; debería darte vértigo.

Estoy tranquilo. Me llegó una paz húmeda. Sentí hace un rato que en la vida de un hombre como yo, habría tiempo para todo lo que un hombre como yo necesita.

Fui a tribunales, todo bien, Santillán no estaba en letra, así que nada, no pude dejar lo que tenía que dejar, y en Belloso, “no news, good news”. Me tomé el subte de vuelta, bajé en Bulnes, quiero decir en la estación Bulnes sobre la avenida Santa Fe, de repente es importante decirlo todo en este cuaderno; caminé por Bulnes calle hasta Guemes, y por Guemes hasta Coronel Díaz, y fui a mi banco amigo, y volví a tener dinero; ayer pasé el día solo, en casa, leyendo al aire libre, rodeado de pájaros; en algún momento dije “están locos”, porque se peleaban, o festejaban un gol; y no necesité dinero pero tampoco lo tenía si lo hubiera necesitado, y ahora se solucionó el problema de la caja, que nunca pudo nadie decirme bien cuál era, y vine a festejar con este café horrible pero hermoso por lo tronante. Está rico en realidad, el café es esto.

Le dije al mozo mientras me sentaba, que le iba a pagar con cien pesos el café, para no tener que apuñalarlo más tarde.

Hoy tengo terapia, esa habitación cuadrada de Palermo en la que no conozco a nadie.

Ayer me olvidé del Dr. Santagada y del turno que tenía con él, ese encuentro que habíamos pactado en una comunicación telefónica de la que no hubo testigos pero que ninguno de nosotros va a negar que existió. Disculpe, Dr. Santagada, una cagada.

Tengo que pagar. No quiero, eh, te juro que no quiero, pero tengo que pagar por esta fiesta.

La chica de la mesa de al lado dice “…pero están esperando la tormenta de Santa Rosa…”. ¿Y vos no la estás esperando? ¿Te vas a ir a vivir a la estratosfera? Tu cuerpito está esperando una tormenta, linda, alguien tenía que decírtelo.

jueves, julio 30, 2009


No hace falta creer en muchas cosas más cuando se cree en la pimienta.

martes, julio 28, 2009

El entenado, de Juan José Saer.


De uno de los últimos libros que leí, El entenado, de J.J. Saer, trancribí este párrafo que me encantó:


"Una palabra cualquiera, la más común, que empleamos muchas veces por día, empieza a sonar extraña, se despega de su sentido, y se vuelve ruido puro. Empezamos, curiosos, a repetirla; pero el sentido, que nos fuera tan palmario, no vuelve a pesar de la repetición sino que, por el contrario, cuanto más repetimos la palabra más extraña y desconocida nos suena. Esa ausencia de sentido que, sin ser convocada, nos invade al mismo tiempo que a las cosas, nos impregna, rápida, de un gusto de irrealidad que los días, con su peso de somnolencia, adelgazan, dejándonos apenas un regusto, una reminiscencia vaga o una sombra de objeción que enturbia un poco nuestro comercio con el mundo. Sin darnos cuenta, seguimos parpadeando, de un modo imperceptible, después del encandilamiento y, absolviendo al mundo preferimos, para esquivar el delirio, atribuirnos de un modo exclusivo las causas de esa extrañeza. Es, sin duda alguna, mil veces preferible que sea uno y no el mundo lo que vacila."